miércoles, 3 de septiembre de 2014

Estados Unidos aprovecha derribo del MH17 para arrebatar a Rusia el mercado energético de Europa

Las sanciones contra Rusia que Europa ha aplicado tras la crisis de Ucrania al parecer no han sido suficientes para Estados Unidos. El derribo del avión de Malaysian Airlains por un misil de procedencia rusa, está permitiendo a Estados Unidos quitarle a Rusia el negocio energético. Todo al parecer es cosa de tiempo. Ucrania confiscó la memoria de los radares de la zona del misil y se ha borrado la huella del viaje que tomó el MH17. Una de las versiones asegura que el misil tenía por destino dos aviones militares que pasaron por esa ruta minutos antes. El MH17 la habría utilizado por error ¿de quien? ¿a quien le interesaba avivar aún más el conflicto?

Por ahora, lo cierto es que Europa, a través de Ángela Merkel, está desactivando los contratos de gas con Rusia y adoptando nuevos contratos con Estados Unidos. El auge del fracking que ha iniciado el gobierno de Obama para la autosuficiencia energética del país ha sido uno de los principales estímulos de Estados Unidos para contrarrestar el desempleo y además le ha ayudado a controlar la inflación. Nada importa el daño ecológico de la fractura hidráulica con tal de hacer negocios. Y Estados Unidos está decidido a tomar cualquier camino para apropiarse del negocio energético de Europa. Aunque las propuestas energéticas de EEUU sean completamente falaces. La falsa abundancia de recursos energéticos en EUU es más bien un producto de la propaganda que de la realidad.
Pero no será la primera vez que Estados Unidos engaña a Europa en tema de negocios. Ya lo hizo con la convertibilidad del dólar en oro en 1971, con los petrodólares desde 1973 hasta hoy y con los derivados financieros desde fines de los años 90. Pero los líderes europeos compran todo lo que les venda Estados Unidos.

Fractura hidráulica

Esta vez el negocio está en los pozos de ExxonMobil-Bötersen en Rotenburg-Wümme (Baja Sajonia), donde ya se ha iniciado el polémico proceso de fractura hidráulica que hace un enorme daño ecológico para la actual y las futuras generaciones, pero que a fin de cuentas es un lucrativo negocio de varios miles de millones de euros. Que pagaremos los ciudadanos de todo el mundo, por cierto. Nadie recordará cuanto costaba el gas ruso hasta el 2013, así como nadie recuerda hoy cuando costaba el petróleo hasta el 2003, el año de la invasión de Estados Unidos a Irak. Los acuerdos de libre comercio que Europa está cerrando con Estados Unidos, permitirán a Washington gozar de lucrativos beneficios a expensas del resto del mundo.
Los contratos de gas natural son contratos a largo plazo que requieren el desarrollo de grandes redes de distribución. La inversión, por tanto, es cuantiosa. El apremio de Estados Unidos para cerrar los contratos de gas con Europa es de máxima urgencia. Poco importa que cuando esas redes de distribución estén en funcionamiento se descubra que no habían tales reservas energéticas. De hecho, ninguna institución independiente de Europa se ha encargado de certificar las existencias reales de gas que ameriten la dolorosa extracción vía fracking. Todo se hace una vez más vía suposiciones y siguiendo la dictadura de Frau Merkel.
Lo del misil ruso ha sido un regalo del cielo para Estados Unidos dado que podrá “ampliar” el acuerdo de libre comercio con Europa para ofrecer gas desde el otro lado del Atlántico. El mismo que fluía desde Rusia cruzando el conflictivo territorio de Ucrania. La dilación del conflicto en este país (como todo lo que llega a manos de la Troika) permitirá a Estados Unidos un lucrativo negocio con el gas, y habrá que ver a qué precio.

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